domingo, 7 de diciembre de 2014

LAS BASES ECONÓMICAS DE LA TERCERA TEORÍA UNIVERSAL

Por Muamar el Gadafi


En la historia reciente se han dado importantes desarrollos históricos contribuyentes a solucionar el problema del trabajo y los salarios, la relación entre los productores y los propietarios, los trabajadores y los empresarios. Esos desarrollos incluyen la determinación de horas de trabajo fijadas, pago de horas extras, permisos, sueldos mínimos, reparto de beneficios, participación de los trabajadores en la administración, prohibición de despido improcedente, seguridad social, derecho a la huelga, y otras disposiciones contenidas en los estatutos laborales de casi toda la legislación contemporánea. No menos importantes son los cambios en el terreno de la propiedad, tales como la promulgación de leyes transfiriendo la propiedad privada al estado, y también las que limitan los ingresos. A pesar de esos avances nada despreciables en la historia de la economía, el problema existe todavía fundamentalmente, incluso aunque se haya hecho menos grave que en siglos pasados a través de las mejoras, los refinamientos y los progresos que han aportado muchos beneficios a los trabajadores.

Sin embargo, el problema económico persiste todavía irresoluto en el mundo. Los intentos dirigidos a la propiedad han fracasado en solucionar los problemas de los productores. Todavía son asalariados, a pesar de la propiedad estatal que puede variar desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, pasando por el centro del espectro político.

Los intentos de mejorar los salarios fueron igualmente significativos para aquellos que estaban enfocados en la transferencia de la propiedad. Al inicio de la revolución industrial, los beneficios de las negociaciones salariales aseguraron a los trabajadores ciertos privilegios que quedaron garantizados por legislación y protegidos por los sindicados, mejorando así a la masa de trabajadores. A medida que pasaba el tiempo, los trabajadores, los técnicos y los administrativos han adquirido ciertos derechos que previamente eran inalcanzables. Sin embargo, en realidad, el problema económico todavía continúa.

Los intentos destinados a los salarios eran apaños y reformas que fracasaron en aportar una solución. Eran más una caridad que un reconocimiento de los derechos de los trabajadores. ¿Por qué reciben un salarios los trabajadores? Porque llevan a cabo un proceso productivo en beneficio de otros que les contratan para producir un cierto producto. En tal caso, no consumen lo que producen, más bien están obligados a entregar su producto a cambio de un sueldo. De ahí, la norma oral de que quien produce lo consume. Sin embargo, los asalariados, por mucho que mejoren sus salarios, son una especie de esclavos.

Los asalariados no son sino esclavos de los amos que los emplean. Son esclavos temporales, y su esclavitud dura lo que dura el trabajo para obtener el salario de su empleador, ya sea éste un individuo o el estado. La relación de los trabajadores con el amo, o con la entidad productora, y con sus propios intereses, es similar bajo todo tipo de condiciones que prevalecezcan en el mundo actual, independientemente de si el propietario es de derechas o de izquierdas. Incluso las empresas de propiedad pública pagan con salarios a sus trabajadores, así como con otros beneficios sociales, de forma similar a la caridad practicada por los ricos propietarios de los sistemas económicos con aquellos que trabajan para ellos.

A diferencia de los sistemas de propiedad privada, en los que los ingresos benefician al propietario, la declaración de que los ingresos de los sistemas de propiedad pública benefician a toda la sociedad, incluyendo a los trabajadores, sólo es cierta si tomamos en consideración el bienestar general de la sociedad y no el bienestar privado de los trabajadores. Además, tendríamos que asumir que la autoridad política que controla la propiedad es la de todo el pueblo, practicada sólo a través de las asambleas populares y de los comités del pueblo, y no la autoridad de una clase, un partido, varios partidos, una secta, una tribu, familia, individuo, o cualquier forma de autoridad representativa. Si esto no es posible, lo que es recibido directamente por los trabajadores en relación a sus propios intereses, en forma de salario, porcentaje de beneficios o beneficios sociales, es lo mismo que los trabajadores de una empresa privada reciben. En ambos casos, los productores son personas que ganan un sueldo, a pesar de que el propietario sea diferente. Así pues, el cambio de la propiedad no ha solucionado el problema del derecho del productor a beneficiarse directamente de lo que produce, y no a través de la sociedad ni de salarios. La prueba del mismo es el hecho de que los productores siguen recibiendo un salario a pesar de haber cambiado el poseedor de la propiedad.

La solución final radica en abolir el sistema asalariado, emancipando al pueblo de esta esclavitud y regresando a las leyes naturales que definían las relaciones antes de que emergieran las clases, las formas de gobierno y las leyes artificiales. Estas normas naturales son las únicas medidas que deberían gobernar las relaciones humanas.

Estas reglas naturales han producido un socialismo natural basado en la igualdad entre los componentes de la producción económica, y han mantenido el consumo público casi igual al de la producción natural entre los individuos.

La explotación del hombre por el hombre y la posesión por parte de algunos individuos de más riqueza general de lo que necesitan, es una desviación manifiesta de la ley natural, y el inicio de la distorsión y corrupción en la vida de la comunidad humana. Anuncia el comienzo de la sociedad de explotación.

Si analizamos los factores de la producción económica desde la antigüedad hasta el presente, siempre encontramos que esencialmente consisten en ciertos componentes de producción básicos, es decir, materias primas, medios de producción y un productor. La norma natural de igualdad precisa que cada uno de estos componentes reciba una parte de esta producción. Porque la producción no puede conseguirse sin el papel esencial de cada uno de estos componentes, debe ser dividida a partes iguales entre ellos. La preponderancia de uno de ellos infringe la regla natural de igualdad y se convierte en un cercenamiento de los derechos de los demás. Así, cada cual debe ser recompensado en igual medida, sin importar el número de componentes en el proceso de producción. Si los componentes son dos, cada cual recibe la mitad de la producción, si son tres, la tercera parte.

Aplicando esta norma natural tanto a la situación antigua como a la moderna, llegamos a lo siguiente. En el estadio de producción manual, el proceso partía de una materia prima y un productor. Posteriormente se añadieron nuevos medios de producción al proceso. Los animales, utilizados como unidades de potencia, constituyen un buen ejemplo. Gradualmente, las máquinas reemplazaron a los animales, los tipos y las formas de las materias primas evolucionaron de lo sencillo y barato a lo valioso y complejo. De forma parecida, los trabajadores no especializados se convirtieron en trabajadores cualificados e ingenieros; su largo número inicial descendió hasta quedar en unos pocos técnicos especializados.

A pesar del hecho de que los componentes han cambiado cualitativa y cuantitativamente, su papel esencial en la producción ha permanecido básicamente inalterado. Por ejemplo, el mineral de hierro, un componente común tanto en la producción pasada como en la actual, era rudimentariamente manufacturado por los herreros, transformándolo en cuchillos, hachas, lanzas, etc. El mismo mineral de hierro es ahora manufacturado por ingenieros y técnicos por medio de hornos de fundición, y convertido en todo tipo de máquinas, aparatos y vehículos. El animal (caballo, mula, camello, o similares), que era un componente de la producción, ha sido reemplazado por fábricas y maquinaria pesada. La producción, basada en herramientas primitivas, ahora se cimenta en sofisticados instrumentos técnicos. A pesar de estos fabulosos cambios, los componentes de la producción natural siguen siendo básicamente los mismos. Esta consistencia precisa inevitablemente el regreso al pronunciamiento de las leyes naturales para solucionar los problemas económicos, fruto de los anteriores intentos históricos para formular soluciones que ignoraban estas leyes.

Todas las teorías históricas previas abordan el problema económico tanto desde el ángulo de la propiedad de cualquiera de los componentes de la producción, como desde el de los salarios por la producción. Han fracasado en solucionar el problema real, el propio problema de la producción. Así pues, la característica más importante del orden económico que prevalece en el mundo actual es un sistema de salarios que priva a los trabajadores de cualquier derecho sobre los productos que producen, ya sean para la sociedad o para un establecimiento privado.

Una empresa industrial se compone de material para la producción, máquinas y trabajadores. La producción se consigue mediante trabajadores que manufacturan los materiales y utilizan las máquinas. Así pues, las mercancías manufacturadas no estarían listas para ser usadas y consumidas si no hubieran pasado por un proceso de producción precisando materia prima, fábricas y trabajadores. Claramente, sin la materia prima básica, la fábrica no puede trabajar, y sin la fábrica, la materia prima no puede ser manufacturada. De igual manera, sin los productores, la fábrica tiene que parar. Así pues, los tres factores son esenciales por igual en el proceso de producción, y sin ellos la producción no puede existir. La ausencia de uno de estos componentes no puede ser reemplazada por los demás. Por tanto, la ley natural precisa que cada componente reciba una parte igual de los beneficios de la producción. No es sólo la fábrica lo que importa, sino también quién consume su producción.

Lo mismo es aplicable a los procesos de producción agrícola resultantes de sólo dos componentes: el hombre y la tierra. El producto debe ser dividido en dos partes iguales en consecuencia con el número de componentes de la producción. Además, si cualquier modo adicional es incorporado al proceso, ya sea mecánico o de otra índole, la producción debe ser dividida por igual en tres partes: la tierra, el granjero y los medios de producción. En consecuencia, emerge un sistema socialista bajo el cual todos los procesos de producción son gobernados por esta ley natural.

Los productores son trabajadores. Son llamados productores porque las palabras “trabajador”, “peón” y “obrero” han quedado desfasadas. La definición tradicional se ha revisado porque los trabajadores están experimentando cambios cualitativos y cuantitativos. La clase trabajadora disminuye en proporción directa a los avances de la ciencia y la tecnología.

Labores que antes eran realizadas por un número de trabajadores ahora se llevan a cabo por una sola máquina. Manejar una máquina requiere pocos trabajadores, ello ha ocasionado un cambio  cuantitativo en la mano de obra, con el reemplazo de la fuerza física por la habilidad técnica resultante de un cambio  cualitativo de la mano de obra.

La mano de obra se ha convertido en un componente del proceso productivo. Como resultado de los avances técnicos, multitud de obreros no cualificados han sido transformados en un limitado número de técnicos, ingenieros y científicos. En consecuencia, los sindicatos obreros acabarán desapareciendo, siendo reemplazados por sindicatos de ingenieros y técnicos. El adelanto científico es un logro irreversible para la humanidad. Gracias a este proceso, el analfabetismo quedará eliminado, y los trabajadores no especializados se convertirán en un fenómeno pasajero, destinado a su desaparición gradual.

Sin embargo, incluso en este nuevo entorno, las personas seguirán siendo el componente básico del proceso de producción.

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